comunicación, redes sociales, social media, miami, venezuela Hace unos años no sabía decir que no. Era capaz de comprometerme irresponsablemente con diez asuntos a la vez, aún sabiendo que era imposible cumplir con todos a cabalidad. No era falta de tiempo, ni procrastinación, era más bien un exceso de optimismo que me situaba del lado de los incompetentes. Llegaba tarde a todas partes, entregaba en el último momento. Los compromisos en mi agenda se reproducían como los virus. Me convertí en una de esas personas que siempre lucen “demasiado ocupadas” y se quejan en voz alta de sus deberes. Pero lo peor de todo es que no podía descansar, como no tenía un método eficiente de trabajo, siempre tenía algo por hacer.   La solución llegó  por partes. Lo primero era aceptar que por mucha entrega, pasión y creatividad que pusiera en mi trabajo, si no cumplía a tiempo o me sobre cargaba de pendientes, mi productividad –y credibilidad- se vendría a pico. La desorganización empaña talentos y se interpone en la consecución de las metas, por eso no basta con llenar agendas ni engordar “to do list”: hay que aprender a decir que NO.

Las palabras siempre se llevan consigo algo de uno. Por eso, para aprender a decir que NO, hay que valorar el SI.

Antes de comprometerse con un proyecto es necesario revisar si en realidad nos interesa, si nos despierta pasión, si tenemos tiempo disponible o queremos dedicarle el extra, si vamos a sentirnos mejor al concluirlo, si podremos cumplir, si en realidad queremos decir que . El resto es tener el valor de negarse cuando alguno de los ítems anteriores nos grite un rotundo NO por respuesta..

por
Melanie Pérez Arias
Directora de Contenidos