Para nadie resulta extraño la duda, o incluso desengaño, que surge en un momento dado en la vida de quien ejerce una profesión 24×7.Los fines de semana, los escapes, las “desconexiones” a fuerza -cada vez más difíciles en esta sociedad de lo “conectado”- llegan a ser insuficientes, para los sin sabores propios de una lucha por hacer las cosas bien, por aportar, por innovar… por cumplir con los principios que nos mueven la vocación.

En comunicación no es diferente, no estamos excentos de lugares comunes, de prácticas impropias, de corrupción de valores, de vocaciones intoxicadas. Pero cuando hay determinación y voluntad para aportar a un mejor mundo, a una mejor profesión, debemos aprender a reconciliarnos constantemente -como las relaciones de familia, que nunca dejarán de ser, y más vale en paz que a la fuerza. Productos comunicacionales como éste nos hacen recordar ¿por qué estamos aquí? nos hacen limpiar nuestras pasiones y seguir con el lema #hagamoscomunicación…